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¿Podemos medir qué ligas deberíamos mirar?

Foto del escritor: Dannwolf Calvin
Dannwolf Calvin
3 sept
15 min de lectura

Una propuesta para construir un Índice de Compatibilidad de Liga aplicado a la definición de mercados objetivo. Cuando un club sale al mercado en busca de un refuerzo, puede empezar por el jugador: se analiza su edad, posición, estadísticas, características, contrato, valor de mercado y, si el proceso es serio, una buena cantidad de video.


Pero antes de que aparezca un nombre, existe una decisión previa: ¿qué ligas vamos a observar? No se busca jugadores en el vacío. Tampoco se revisa de manera indiscriminada todas las competiciones del mundo. En la práctica, primero se define un conjunto de ligas de interés y después se identifica dentro de ellas a los futbolistas que pueden encajar en su proyecto. Esa selección inicial es una decisión estratégica.


Un jugador compite dentro de una liga que tiene determinado ritmo, nivel de contacto, comportamiento táctico, presión, espacio disponible, capacidad económica y grado de apertura hacia determinados mercados. Dos futbolistas con números similares pueden estar resolviendo problemas completamente diferentes porque sus rendimientos fueron construidos en contextos distintos.


De allí nace la idea de construir un Índice de Compatibilidad de Liga (CLC): una herramienta que permita ordenar distintas competiciones de acuerdo con su cercanía respecto de una liga tomada como referencia y, a partir de ese orden, definir qué mercados deberían formar parte del universo de búsqueda.

En nuestro ejercicio, esa referencia fue la Primera División argentina. La intención no es crear una fórmula capaz de indicar qué jugador contratar ni reemplazar el trabajo del scout. El objetivo es anterior: intentar responder, con algunos criterios comunes, qué ligas vale la pena mirar antes de comenzar la búsqueda individual.


El CLC no propone inventar un proceso nuevo, sino ordenar y hacer más explícita una práctica que ya existe. Primero estudiamos las características de las competiciones. Después utilizamos ese mapa para definir un conjunto de ligas objetivo y establecer cuáles pueden resultar más compatibles con la liga de destino. Recién después comenzamos a buscar jugadores dentro de esos mercados.


La secuencia podría pensarse así: Universo global de ligas → ligas compatibles → mercados objetivo → perfiles buscados → jugadores → evaluación individual.


En este marco, una liga objetivo no es necesariamente la mejor del mundo ni la más accesible económicamente. Es aquella que, de acuerdo con los criterios definidos, presenta una mayor compatibilidad con las demandas de la competición de destino y con el perfil de jugador que el club necesita incorporar. Esta diferencia puede cambiar la perspectiva del análisis. El objetivo no es descubrir una liga desconocida, sino aportar claridad a un proceso que ya se realiza: comparar mercados, justificar prioridades y explicar por qué determinadas competiciones pueden ser más adecuadas que otras para iniciar una búsqueda.


El CLC no intenta responder si un jugador específico se adaptará a la Primera División argentina. Intenta responder una pregunta más amplia: ¿qué ligas presentan condiciones suficientemente compatibles como para que tenga sentido buscar jugadores allí? Supongamos que un club argentino quiere incorporar futbolistas que actualmente juegan fuera de Sudamérica. Puede observar Bélgica, Portugal, Polonia, Grecia, Emiratos Árabes, Japón o cualquier otro mercado.


El problema es que comparar esas ligas únicamente por reputación genera una fotografía incompleta. Una competencia puede tener un nivel elevado pero ser inaccesible desde el punto de vista económico. Otra puede ser menos prestigiosa, aunque presentar características de juego muy cercanas al fútbol argentino. Una tercera puede tener un contexto competitivo interesante, pero escasa circulación de futbolistas sudamericanos o pocas posibilidades reales de acceso. El objetivo del índice es ordenar ese universo y ayudar a decidir qué ligas entran primero en la agenda de observación.


Para hacerlo planteamos tres variables principales: nivel competitivo, compatibilidad futbolística y pipeline de jugadores sudamericanos. En este caso, entendemos por pipeline la presencia, circulación y antecedentes de futbolistas sudamericanos en esa competición, es decir, la existencia de un puente relativamente activo entre ese mercado y nuestra región.


Cada una se puntúa entre 0 y 5 y posteriormente recibe una ponderación.

La fórmula utilizada es:


CLC = (N × 0,40) + (C × 0,35) + (P × 0,25)

Donde:

N representa el nivel competitivo de la liga.C representa su compatibilidad futbolística con la competición de destino.P representa la presencia y circulación de futbolistas sudamericanos.


El resultado final también queda expresado sobre una escala de 0 a 5.


La ponderación tampoco pretende ser universal. En nuestro ejercicio otorgamos un 40% al nivel, un 35% a la compatibilidad y un 25% al pipeline porque consideramos que las dos primeras variables explicaban mejor la cercanía deportiva entre la liga de origen y la liga de destino. Otro club podría pensar distinto. Ahí aparece una de las virtudes del modelo: la fórmula puede modificarse según el proyecto deportivo que la utilice.


Una aclaración sobre el universo de ligas analizado


Antes de avanzar, es necesario explicar de antemano por qué en este ejercicio no aparecen las cinco grandes ligas europeas: Inglaterra, España, Italia, Alemania y Francia.


Su ausencia no significa que sean irrelevantes ni que no puedan ofrecer futbolistas compatibles con la Primera División argentina. Tampoco implica que el CLC considere que Bélgica, Portugal, Polonia o Emiratos sean competiciones de mayor calidad que aquellas. La decisión responde a una cuestión metodológica.

Las grandes ligas europeas presentan una afinidad competitiva y una visibilidad internacional suficientemente conocidas como para que su inclusión aporte menos información al objetivo específico de este ejercicio. Son mercados ampliamente observados por clubes, agencias, plataformas de datos y departamentos de scouting de todo el mundo. Además, sus niveles de competencia, estructuras profesionales, exposición y circulación internacional de jugadores son evidentes. Por eso decidimos concentrarnos en ligas de segundo orden o menos obvias, donde la comparación puede resultar más útil para definir prioridades de observación.


El objetivo no era demostrar que las grandes ligas europeas son compatibles con el fútbol argentino. Esa compatibilidad, en términos generales, ya está asumida como una posibilidad evidente. El objetivo era explorar qué otros mercados, menos inmediatos, podrían merecer atención.


En otras palabras, el análisis no construye un ranking global de todas las ligas del mundo. Construye una comparación entre competiciones que, por su nivel, estilo, circulación de jugadores o accesibilidad, pueden funcionar como mercados alternativos o complementarios.


Las cinco grandes ligas podrían incorporarse en una versión ampliada del modelo. Sin embargo, probablemente ocuparían posiciones elevadas por su nivel competitivo y por su internacionalización, aunque eso no necesariamente las convertiría en mercados prioritarios para un club argentino. Su inclusión también exigiría distinguir entre la liga principal y sus distintos segmentos de acceso: jugadores titulares, futbolistas de rotación, reservas, cedidos o competiciones de ascenso. Por lo tanto, su exclusión debe entenderse como una decisión de alcance, no como una valoración negativa.


El CLC presentado aca busca responder una pregunta más específica: una vez reconocidos los mercados de afinidad evidente, ¿qué otras ligas deberíamos mirar?


N: ¿qué nivel tiene la competición?

El primer componente intenta responder la pregunta aparentemente más sencilla: ¿qué tan fuerte es la liga? Aunque medir nivel tampoco es tan fácil como parece. Decir que una competición es "buena" o "mala" sirve poco para definir mercados objetivo. Necesitamos transformar esa percepción en una escala comparable que permita ordenar el universo de ligas.


Para evitar que la puntuación dependiera exclusivamente de una opinión, utilizamos los rankings de asociaciones o competiciones de cada confederación como punto de partida. En Europa, por ejemplo, se puede utilizar el ranking UEFA y transformar la posición de cada país en una escala de 0 a 5. En el ejercicio original trabajamos con el siguiente criterio orientativo:

Posición en el ranking UEFA

N

1 a 5

5

6 a 10

4

11 a 20

3

21 a 35

2

36 a 55

1

Sin clasificación comparable

0

En Asia aplicamos la misma lógica utilizando el ranking de asociaciones de la AFC, aunque adaptando los rangos a la cantidad de competiciones:

Posición AFC

N

1 a 3

5

4 a 6

4

7 a 10

3

11 a 15

2

16 a 25

1

Resto / sin información suficiente

0

No tendría demasiado sentido trasladar exactamente esos intervalos a CONMEBOL, cuya cantidad de asociaciones es mucho menor. El principio es lo importante: utilizar una referencia externa y transformar posteriormente el ranking regional en una misma escala de 0 a 5. Esto permite comparar contextos que originalmente se encuentran expresados de maneras diferentes.


N no dice si un futbolista es bueno, ni siquiera dice que todos los jugadores de una liga determinada tengan determinado nivel. Simplemente intenta estimar la exigencia del ecosistema competitivo en el que ese jugador desarrolla su rendimiento y, por lo tanto, la relevancia de esa competición dentro de nuestro universo de observación.


C: parecerse no significa ser igual


La segunda variable probablemente sea la más importante para definir las ligas objetivo y, al mismo tiempo, la que necesita mayor trabajo del analista. La llamamos compatibilidad futbolística. Ya no buscamos saber si una liga es mejor o peor que la argentina, sino qué tan similares son las demandas competitivas de ese fútbol respecto de nuestro contexto.


Podemos observar cuestiones como intensidad, cantidad y características de los duelos, velocidad de las transiciones, espacios disponibles, presión, estructuras defensivas, juego aéreo, ritmo de circulación o frecuencia de situaciones de contacto.


Una escala sencilla puede plantearse así:

Compatibilidad observada

C

Muy alta

5

Alta

4

Media

3

Baja

2

Muy baja

1

No comparable / información insuficiente

0

Naturalmente, esta variable contiene una cuota de interpretación mayor que N. Eso no significa que deba transformarse en una opinión libre. Puede construirse mediante análisis estadísticos de liga, video, informes de scouts y comparación de indicadores colectivos. Cuanta más información se incorpore, menor será la dependencia de la percepción individual.


Acá aparece una diferencia conceptual importante: compatibilidad no significa calidad. Una liga puede tener menor prestigio internacional y, sin embargo, presentar determinadas condiciones de juego que vuelvan razonable incluirla entre nuestros mercados objetivo. 


También puede suceder exactamente lo contrario. Una competición de gran nivel puede ser poco compatible con las demandas del fútbol argentino. En ese caso, no necesariamente debe descartarse, pero sí debería ocupar un lugar diferente dentro de la estrategia. El CLC busca determinar qué ligas son más pertinentes para mirar desde una determinada liga de destino.


P: ¿existe un puente hacia el mercado que queremos explorar?


El tercer factor tiene que ver con algo que internacionalmente suele ser decisivo: la circulación de jugadores. No alcanza con encontrar una liga competitiva y compatible. También resulta interesante conocer si existe allí un pipeline real de futbolistas sudamericanos. Como nuestro ejercicio estaba pensado para definir mercados donde buscar jugadores sudamericanos que compitieran fuera de Sudamérica, P terminó midiendo específicamente la presencia de futbolistas de nuestra región.


La escala utilizada fue:

Futbolistas sudamericanos

P

12% o más

5

8% a 11,9%

4

5% a 7,9%

3

3% a 4,9%

2

1% a 2,9%

1

Menos de 1%

0

¿Por qué incluir esta variable? La presencia previa de jugadores sudamericanos puede funcionar como una señal sobre las dinámicas de ese mercado. No garantiza adaptación ni disponibilidad. Pero puede revelar rutas migratorias existentes, redes de representación, conocimiento del mercado sudamericano, antecedentes de contratación y determinados niveles de apertura.


También permite diferenciar situaciones interesantes. Japón, por ejemplo, podía presentar buenos valores de N y C en nuestro ejercicio, pero obtenía P=0 debido a la reducida representación sudamericana bajo los parámetros utilizados.


El modelo no concluía que Japón fuera una mala liga. Decía algo bastante más específico: para un club que busca futbolistas sudamericanos, Japón no debería ser necesariamente uno de los primeros mercados a observar si el objetivo es maximizar la probabilidad de encontrar perfiles accesibles dentro de una red ya existente.


La matiz es fundamental. P no mide la calidad de la liga. Mide la existencia de un puente entre esa competición y el universo de jugadores que el club pretende explorar.


Cómo se obtiene el resultado


  • Tomemos como ejemplo la Jupiler Pro League de Bélgica.


En nuestro ejercicio recibió:


N = 5C = 4P = 3


Aplicamos entonces la fórmula:


CLC = (5 × 0,40) + (4 × 0,35) + (3 × 0,25)


Por lo tanto:


CLC = 2 + 1,40 + 0,75


CLC = 4,15


Bélgica aparecía así entre las competiciones europeas con mayor compatibilidad respecto de la Primera División argentina y, por lo tanto, entre las ligas que tendría sentido incluir dentro de un primer grupo de mercados objetivo.


  • El mismo ejercicio aplicado a Portugal daba:


N = 5C = 3P = 4


CLC = (5 × 0,40) + (3 × 0,35) + (4 × 0,25)


CLC = 4,05


El resultado es parecido, pero se construye de otra manera.


Portugal obtiene mayor puntuación en pipeline sudamericano, mientras Bélgica compensa con una mejor valoración de compatibilidad. Eso es justamente lo que interesa observar.


El número final sirve para ordenar las ligas. La composición del número sirve para entender por qué una competición debería ser priorizada y qué tipo de búsqueda podría desarrollarse allí.


El ejemplo asiático


La misma metodología puede utilizarse para comparar mercados mucho más alejados.


En el ejercicio que realizamos, la UAE Pro League de Emiratos Árabes Unidos obtuvo:


N = 5C = 5P = 3


Aplicando la fórmula:


CLC = (5 × 0,40) + (5 × 0,35) + (3 × 0,25)


El resultado fue:


CLC = 4,50


La liga de Emiratos aparecía incluso por encima de varias competiciones europeas. ¿Significa eso que el campeonato emiratí es "mejor" que la liga portuguesa o la belga? No. Y esta es probablemente la aclaración más importante de todo el modelo.


El CLC no es un ranking de calidad de ligas. Es un índice construido para ayudar a un club a decidir qué competiciones debería mirar primero en función de su liga de destino y de su universo de búsqueda.


En este caso, Emiratos combinaba un nivel competitivo elevado, una compatibilidad futbolística alta y una presencia sudamericana suficiente como para convertirse en un mercado de interés. Eso no significa que todos sus jugadores sean transferibles al fútbol argentino ni que el club deba contratar allí. Significa que, dentro de un universo amplio de ligas, Emiratos merece ser observado antes que otras competiciones con menor compatibilidad agregada. Confundir ambas cosas sería pedirle a la herramienta que haga un trabajo para el cual nunca fue diseñada.


Lo que mostraba el primer ejercicio


Al aplicar el modelo a distintas competiciones europeas aparecieron resultados como estos:

Liga

N

C

P

CLC

Jupiler Pro League – Bélgica

5

4

3

4,15

Liga Portugal – Portugal

5

3

4

4,05

Eredivisie – Países Bajos

5

4

2

3,90

Chance Liga – República Checa

4

5

2

3,85

Ekstraklasa – Polonia

4

5

2

3,85

Super League 1 – Grecia

4

4

3

3,75

Süper Lig – Turquía

4

3

3

3,40

Super League – Suiza

3

4

3

3,35

Eliteserien – Noruega

3

5

1

3,20

Premiership – Escocia

2

4

4

3,20

Mientras que entre las competiciones asiáticas encontrábamos:

Liga

N

C

P

CLC

UAE Pro League – Emiratos Árabes

5

5

3

4,50

Saudi Pro League – Arabia Saudita

5

4

2

3,90

Stars League – Catar

5

4

2

3,90

Super League – Malasia

4

5

2

3,85

J1 League – Japón

5

5

0

3,75

Super League – China

5

5

0

3,75

K League 1 – Corea del Sur

5

5

0

3,75

A-League Men – Australia

4

5

1

3,60

Las posiciones no deberían leerse como un ranking definitivo ni como una lista automática de destinos de contratación. Lo que muestran es un orden de prioridad para la observación.


Una liga con CLC elevado debería ingresar en una primera capa de análisis. Una liga con un resultado intermedio podría formar parte de una segunda capa, especialmente si presenta ventajas económicas, regulatorias o estratégicas. Una competición con CLC bajo no necesariamente debe descartarse, pero requerirá una justificación adicional para ser incluida dentro del universo de búsqueda. Lo valioso aparece cuando uno empieza a preguntarse por qué cada liga llegó hasta allí y qué tipo de búsqueda justificaría su inclusión.


Del CLC a las ligas objetivo

El resultado del índice no debería terminar en una tabla. Su utilidad aparece cuando se transforma en una decisión operativa. Una forma sencilla de hacerlo es dividir las competiciones en grupos de prioridad:

Rango de CLC

Interpretación

4,00 a 5,00

Liga objetivo prioritaria

3,50 a 3,99

Liga de interés secundario

3,00 a 3,49

Liga para monitoreo o búsquedas específicas

Menos de 3,00

Liga no prioritaria salvo justificación particular

Estos rangos no son universales. Funcionan como una primera forma de traducir el índice en una política de observación. Las ligas con CLC más alto deberían recibir mayor atención de los departamentos de scouting: más horas de video, mayor seguimiento de partidos, mejor conocimiento de planteles, análisis de clubes y actualización periódica de jugadores.


Las ligas de interés secundario pueden observarse con menor intensidad o activarse cuando aparezca una necesidad específica de perfil. Las ligas con CLC bajo pueden mantenerse dentro de una base global, pero no deberían consumir los mismos recursos que los mercados prioritarios. La idea central es que el CLC no selecciona jugadores; selecciona el espacio competitivo dentro del cual vamos a buscar jugadores.


El costo: una segunda capa necesaria


Hay un factor evidente que deliberadamente no incorporamos dentro de la fórmula principal: el precio. En nuestro cuadro original acompañábamos cada liga con su valor medio estimado por futbolista. Bélgica, por ejemplo, presentaba aproximadamente USD 2,14 millones por jugador; Portugal, USD 3,74 millones; República Checa, USD 0,83 millones; Polonia, USD 0,74 millones. En Asia las diferencias eran todavía mayores. Emiratos se encontraba alrededor de USD 0,84 millones por futbolista, mientras Japón rondaba los USD 0,41 millones y Malasia apenas los USD 0,14 millones.


El dato económico es fundamental, pero existe una razón para mantenerlo separado del CLC: Una liga barata no necesariamente es una liga compatible. Y una liga compatible no necesariamente representa una oportunidad económica. Mezclar ambas cosas en un solo número puede ocultar información. Resulta más interesante utilizar el CLC como una medida para definir mercados de interés deportivo y superponer después una segunda lectura de mercado.


Una forma sencilla de obtener este indicador es: Valor medio por jugador = valor total estimado de la liga / cantidad de futbolistas. Luego puede compararse ese resultado con el valor medio de la competición de destino lo cual permite construir algo parecido a un mapa. En un eje tenemos compatibilidad deportiva y en el otro, accesibilidad económica.


Y ahí empiezan a aparecer zonas mucho más interesantes para definir prioridades de scouting: Una liga con CLC elevado y valor medio relativamente bajo puede transformarse en un mercado objetivo prioritario. Una competición con CLC elevado pero costos muy superiores quizá siga siendo interesante, aunque para otro tipo de club o para operaciones mucho más específicas. El índice empieza entonces a cumplir su verdadera función: no elegir jugadores, sino ayudar a decidir dónde colocar nuestros recursos de observación.


¿Y el porcentaje de extranjeros?


En la tabla también incorporamos el porcentaje de extranjeros de cada competición. Bélgica presentaba, por ejemplo, un 63,2%; Portugal, 71,7%; Suiza, 53%; Emiratos, 53,6%. Es un dato útil para comprender qué tan internacionalizado se encuentra un campeonato, pero tampoco debe confundirse con P. Que una liga tenga muchos extranjeros no significa necesariamente que contrate sudamericanos. Puede nutrirse principalmente de países vecinos, África, Europa del Este o Asia.


Para un modelo que busca específicamente futbolistas sudamericanos, el porcentaje general de extranjeros sirve como contexto; la presencia concreta de sudamericanos resulta mucho más relevante para definir si existe un puente real hacia ese mercado. También puede ayudar a interpretar la accesibilidad de una competición. Una liga muy internacionalizada puede ofrecer más antecedentes de adaptación de jugadores extranjeros, pero eso no significa automáticamente que sea un mercado prioritario. La información debe leerse junto con el nivel, la compatibilidad y el pipeline específico que estamos midiendo.


La fórmula depende de la pregunta


Quizás el aspecto más interesante del CLC sea que no debería existir un CLC universal. Un club argentino con presupuesto limitado, búsqueda de futbolistas sub-23 y fuerte orientación hacia la reventa, podría aumentar el peso del pipeline o incorporar variables económicas en una segunda etapa. Otro que necesite rendimiento inmediato podría aumentar N y C.


Un club de una liga europea que intente captar talento argentino probablemente deba modificar completamente P y redefinir la competición de referencia. Incluso las variables podrían cambiar. Edad media, minutos otorgados a futbolistas jóvenes, estabilidad contractual, regulación de extranjeros, facilidad migratoria, volumen de transferencias, salarios o porcentaje de ventas internacionales podrían incorporarse en modelos posteriores. Por eso el CLC puede entenderse como una estructura para definir mercados objetivo, no como una tabla grabada en piedra.


Lo verdaderamente replicable no son los resultados de Bélgica, Polonia o Emiratos, es el procedimiento: definir la liga de destino, establecer qué características importan para ese proyecto deportivo, transformar esas características en variables comparables, ponderarlas, ordenar las competiciones y convertir ese orden en una estrategia de observación. La matemática viene después de la pregunta.


Para qué sirve realmente


Supongamos que un departamento de scouting dispone de recursos para observar diez competiciones internacionales, pero tiene cincuenta posibles ligas frente a sí. No parece demasiado eficiente repartir observadores, plataformas, horas de video y análisis de datos de manera uniforme. El CLC podría funcionar como un primer filtro global: Primero se estudia el universo de ligas. Luego se seleccionan las competiciones compatibles. Después se definen los mercados prioritarios y recién ahí aparecen los perfiles y los jugadores.


El procedimiento podría pensarse así: Universo de ligas → CLC → ligas objetivo → perfiles → jugadores → video → contexto → decisión. Esta secuencia es distinta de una búsqueda basada en nombres. No se parte de un jugador para justificar una liga. Se parte de una liga para construir un universo de jugadores. El índice no reemplaza ninguna de las etapas posteriores. Solamente intenta ordenar la primera y, probablemente, una de las más importantes: decidir dónde mirar.


El peligro del decimal


Hay algo tentador en cualquier modelo numérico: cuando aparece un 4,15 al lado de una liga y un 3,85 al lado de otra, parece que la discusión terminó. No existe evidencia suficiente para afirmar que una diferencia de 0,10 entre dos competiciones represente una diferencia deportiva significativa. El decimal sirve para ordenar el modelo, no para otorgarle una precisión que no tiene. Mucho menos debería utilizarse para decir que un futbolista de una competición con CLC 4,10 se adaptará mejor que otro proveniente de una liga con 3,80.


El CLC no predice la adaptación individual. Tampoco garantiza que una liga prioritaria produzca mejores contrataciones que una liga secundaria. Su función es más acotada y, justamente por eso, más realista: ayudar a decidir qué mercados merecen ser observados antes que otros.


Hay estilos de equipos dentro de una misma liga que pueden ser completamente diferentes. Hay posiciones cuya adaptación depende de factores específicos. Hay futbolistas que necesitan espacios y otros que sobreviven justamente cuando el espacio desaparece.Detrás de cada dato sigue existiendo algo imposible de reducir por completo a una celda: el contexto.


Medir para mirar mejor


Un modelo no necesariamente es bueno porque prediga quién será el próximo gran jugador. También puede ser útil si ayuda a decidir dónde concentrar la atención. Preguntamos:


¿Por qué observamos esta liga?

¿Qué características de ese campeonato justifican incluirlo entre nuestros mercados objetivo?

¿Qué tan compatible es con la competición de destino?

¿Existe allí una población relevante del tipo de jugador que buscamos?

¿Hay antecedentes de circulación de futbolistas similares?

¿Podemos competir económicamente?

¿Merece una observación permanente o solamente una búsqueda puntual?


Si un índice permite responder parte de esas preguntas, ya tiene valor. El CLC nació precisamente desde esa idea.


Dannwolf, Calvin


 
 
 

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